domingo, 28 de febrero de 2010

Hija tu fe te ha sanado

 

Sumisa en las sombras camino entre las gentes

Soñaba con verle su rostro aún por las oquedades

Mi dolor me perseguía y hacía pesados mis pies

Pero la ilusión de verle regocijaba todo mi ser.

 

No quería quedarme sin ser sanada

El paso de 12 años ya plasmaba mi esperanza

Se agotaron mis recursos solo mi fe me quedaba,

Mas tu presencia por mis tierras había sido anunciada.

 

No me creí digna de cruzarte palabra

Me escurrí entre las ropas de quien estorbaba

Sabía que con tocar la orilla de tu manto me quedaba

la solución de mi vida, la entera gracia.

 

Sosteniendo mi vientre te he palpado

He sentido tu majestuosidad pasar por mis manos

El milagro se ha logrado, manifestaste tu poder y

Por misericordia tuya y mi fe me sané.

 

Aún atemorizada y desaparecida la hemorragia

Te has vuelto y preguntado quién te ha tocado,

Yo sabiéndome temblorosa y descubierta,

en tus pies he proclamado mi nombre, me he abalanzado.

 

Me miraste con compasión y me has dicho con amor:

Hija mía, levántate, tu fe te ha salvado,

Gran parte de mi poder te he manifestado,

Aunque solo una orilla de mi manto hayas tocado

.

 013_Sana_a_la_mujer_que_le_toc_el_manto_1

Lucas 8, 43-48.

Nataly Acosta Montero

1 comentario:

  1. Yo te lo había dejado en facebook, pero para que quede guardado en tu blog :D también. Lo que escribiste:

    "Es como comer un pastel dulce,
    con un sabor y la consistencia
    se derrite suavemente por la boca.

    Es el sentimiento que genera
    al comer algo tan sabroso,
    se genera con la lectura
    de algo precioso,
    donde las letras se desasen
    en los ojos y en el alma.

    Gracias por haber alimentado con este postre mi alma."

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